12 mar. 2017

La fiebre en Mamimaternal YogaMajadahonda

Repetid este mantra: "La fiebre es mi amiga"

http://blogs.elpais.com/mamas-papas/2012/04/repetid-este-mantra-la-fiebre-es-mi-amiga.html

Por: | 20 de abril de 2012
Kit fiebre

No soy capaz de recordar las veces que habré ido a Urgencias o al pediatra sin cita previa desde que soy madre. En mi ranking particular de causas, están fiebre, tos, mocos, picaduras y dermatitis. Pero últimamente, vamos menos, gracias a una mezcla de la famosa inmunización de los niños con la edad (sí, sí, hay esperanza: David, con cuatro años y medio, ya no tiene el moco siempre colgando ni la tos permanente de los tres primeros años), algo de experiencia, y algunas dosis de concienciación.

Con esta entrada, me gustaría iniciar una serie de "educación pediátrica", sobre algunos de los temas de consulta más habituales. Y es que una información correcta nos puede ahorrar a los padres angustia y desplazamientos innecesarios, y a los médicos tiempo, lo que no les vendrá nada mal, dado el colapso que ya hay en muchos centros sanitarios y la que se nos viene encima, con los recortes anunciados.
Empiezo con la fiebre, ya que es el motivo más habitual de consulta en pediatría, hasta en el 50% de los casos, según Jesús Martínez, pediatra y autor del blog El médico de mi hij@ y promotor del grupo de Facebook con el mismo nombre, del que ya he escrito en algunas ocasiones. En mi caso es verdad. Cada vez que uno de mis churumbeles se pone más calentito de lo normal, me tengo que repetir este mantra: "La fiebre es mi amiga. La fiebre es mi amiga. La fiebre es mi amiga". Normalmente, el mantra interior viene seguido de cruce de miradas con Eduardo, y la pregunta, por cualquiera de los dos: "¿Qué hacemos, vamos a que el pediatra le eche un vistazo?".
Y he de decir que estoy muy orgullosa porque últimamente he conseguido resistir varias veces el impulso de llegarme a Urgencias, y en su lugar, he hecho lo que aconsejan los médicos cuando no hay más síntomas que la fiebre: quedarme en casa y esperar a ver cómo evoluciona.
Normalmente, la evolución es que la fiebre se espacia cada vez más, y a los dos-tres días te das cuenta de que el niño está como una rosa, con mocos y tos, pero como una rosa. Y te has ahorrado una visita al pediatra, en una sala de espera llena de gérmenes, para que te digan "Es muy pronto, pero probablemente será un virus. Dalsy (ibuprofeno) o Apiretal (paracetamol) cada seis-ocho horas y mucho líquido, y vuelve si no se le quita en un par de días".
"La fiebre es la reacción que tiene nuestro organismo para defenderse de los ataques externos. Si el cuerpo sube la temperatura, el germen atacante está más incómodo, se reproduce menos", explica Jesús Martínez en palabras sencillas. Por tanto, insiste, es una aliada. De hecho, cuenta que "antes de que existieran los antibióticos, la mamá se quedaba más tranquila cuando subía la fiebre, porque sabía que el niño se iba a mejorar".
Sin embargo, dice Martínez, desde que se generalizó el uso de los termómetros, se ha extendido la fiebrefobia, una obsesión por que no suba la temperatura. E insiste en que lo que hay que tratar es el malestar que puede llevar aparejada la fiebre, pero no la temperatura en sí. "Hay que conseguir que el crío no esté llorón, irritable. Pero si está pegando saltos con 40º C, no hace falta bajar la fiebre. Ni despertar al niño cuando duerme" para darle el antitérmico.

A esta fiebrefobia han contribuido los propios médicos, admite Martínez: "Vas a Urgencias con un brazo roto y te preguntan si has tenido fiebre", bromea. "Yo les digo siempre lo mismo a los padres: la fiebre no me interesa. ¿Qué más le pasa al niño?".
Otra causa de la obsesión por bajar la fiebre es la sucesión de mitos en torno a la misma, como que produce meningitis o convulsiones o que te puede freír el cerebro (Amalia Arce, la mamá pediatra, también habla de este tema en su blog  y en la web del Hospital de Nens, en el que trabaja). "Es al revés. La meningitis te puede dar fiebre muy alta, de 40º o 41ºC, pero con muchos otros síntomas. Un niño puede estar muriéndose de meningitis con solo 37,5ºC", dice el pediatra, que asegura que tampoco se quema el cerebro. En cuanto a las convulsiones, explica que "aparecen por variaciones bruscas de la temperatura, es decir, porque sube muy rápidamente la fiebre o porque la bajamos muy rápidamente". En estos casos, aunque se pasan a los pocos minutos, "te llevas el gran susto porque el niño se pone morado y no respira, pero no puedes hacer nada, más que llevarlo al médico a que lo vean y te tranquilicen".

Martínez recuerda que los niños pequeños son menos eficaces para bajar la temperatura que los adultos, por lo que tienen muchas subidas de temperatura por ir sobreabrigados, al dormir la siesta... Y también porque les atacan con más frecuencia los "virus "cortos", que se curan solos en 24-48 horas. Por eso, ante una fiebre de corta evolución, como un par de horas, no sirve de nada ir al pediatra, "porque no se puede ver nada". "Quédate en casa, obsérvalo, y si lleva 24-48 horas y tiene otros síntomas, como mucha tos y mocos, o diarrea, consulta", recomienda. En cualquier caso, hay que acudir al médico cuando hay fiebre en estas circunstancias:
  • Si es menor de tres meses, hay que consultar con el pediatra cuando aparezca, puede haber una infección oculta, como las de orina.
  • Si se prolonga tres o cuatro días sin otro síntoma.
  • Si hay una gran irritabilidad, no para de llorar, tiene un comportamiento raro.
  • Si está absolutamente decaído, no se espabila, tiene un color raro, no come nada.
  • Si tiene dificultad respiratoria grave.
El pediatra advierte de que la obsesión por la fiebre lleva muchas veces a sobremedicar al niño, con el riesgo que esto supone. "Medio bote de Apiretal puede matar a un crío", expone. "Si empiezas a sumar lo que le das cada 3-4 horas en uno o dos días, es una bomba", opina, "unas dosis muy cerca de lo tóxico".  Aunque parezca una obviedad, Martínez recuerda que los medicamentos más habituales para bajar la fiebre en los niños, el ibuprofeno (Dalsy) y el paracetamol (Apiretal), "no son agua, tienen efectos secundarios". Por ejemplo, el paracetamol afecta al hígado y un exceso puede provocar una hepatitis tóxica, mientras que el ibuprofeno puede producir gastritis e incluso una hemorragia digestiva.

También, aunque muchos pediatras aún lo prescriban, recomienda no alternar ambos, ya que la evidencia científica no ha encontrado beneficios significativos en esa alternancia, y sí puede potenciar los efectos secundarios de ambos o aumentar el riesgo de error en la dosificación.

En resumen, la fiebre no es mala de por sí, al contrario, es un arma de nuestro cuerpo para controlar las infecciones. Así que cuando se presente, no hay que dar antitérmicos para bajarla a toda costa, sino sólo si causa malestar al niño. Ni hay que salir corriendo a Urgencias, sino ver la evolución y si hay otros síntomas. Repetid conmigo: "La fiebre es mi amiga. La fiebre es mi amiga. La fiebre es mi amiga".
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